El cambio de Madrid a la fase 1 es una buena noticia que llega gracias al comportamiento ejemplar de los madrileños y a pesar de un Gobierno que se ha empeñado sistemáticamente en incumplir sus deberes. A día de hoy, decenas de centros de salud siguen cerrados a cal y canto, hay un déficit grave de profesionales en nuestra atención primaria y faltan cientos de rastreadores para vigilar en corto al virus ante un posible rebrote.

El cambio de fase llega en un clima de caceroladas que se burlan del esfuerzo de la mayoría de madrileños que llevan meses aguantando sin ver a sus familias o que están haciendo malabares para mantener a flote su pequeño negocio cumpliendo las normas sanitarias. Por eso es una irresponsabilidad que Ayuso no solo no las rechace sino que las promueva. Ella y los vecinos de Núñez de Balboa comparten la misma mentalidad del señorito: o me viene todo regalado o me indigno, ya sea un máster, un apartamento de lujo o un cambio de fase.

Ahora toca redoblar la cautela y no bajar la guardia. Nos preocupa la temeridad de una presidenta autonómica que antes siquiera de entrar en fase 0 organizó el esperpento del Ifemazo y que a día de hoy se dedica a arengar las caceroladas. Si ha cometido esas imprudencias antes, ¿qué no hará durante la fase 1?

Por esa razón, hoy hacerle oposición a Ayuso ha dejado de ser una opción para  convertirse en un deber moral.

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