Que la pandemia es un hecho desgraciado y no deseado por ningún gobierno es algo que nadie en su sano juicio dudaría. Las responsabilidades de un gobernante no derivan de hechos fortuitos, como el COVID-19, sino de todas esas decisiones que pudiste adoptar para aliviar el padecimiento de tu pueblo y no adoptaste. Algunas por favorecer a tus amiguetes, como la privatización sanitaria y los sobrecostes; otras para engordar la caja B de tu partido, como las mordidas del 1% en los contratos de los hospitales; y algunas, incluso, para sostener un paraíso fiscal para ricos, como la reducción de 2.000 camas en la sanidad madrileña.

El PP no es responsable de que el volcán haya entrado en erupción, pero sí de llevar décadas sentado sobre él. El maltrato a lo público, los recortes y la corrupción pasan factura cuando vienen mal dadas. Lo llevábamos exigiendo desde hace semanas y por fin, este viernes, logramos que volvieran los plenos a la Asamblea de Madrid. Ayuso ha encabezado una forma de entender la política basada en la falta de diálogo y en la utilización del Gobierno regional para objetivos políticos que nada tienen que ver con los problemas de la Comunidad. Le pediremos explicaciones por ello y le animaremos a que salga del búnker y aprenda del talante que han demostrado otros. Cómo se nota que mientras Almeida hereda el Ayuntamiento de Manuela Carmena, Ayuso lo hace de estirpe de Esperanza Aguirre.

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